Salonica
Lugares de interés julio 22nd, 2010
A medio camino entre el mar Adriático al oeste y el río Évros (Marica) al este, Salónica es la segunda ciudad de Grecia, y ”capital” desde 1923 de Macedonia, y Tracia. A apenas 100 km en dirección norte convergen las fronteras de la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Bulgaria y Grecia, una línea divisoria que no fue establecida hasta después de la Primera Guerra Mundial.
Calcídica
La zona de Calcídica, al igual que todo el nordeste de Grecia no posee los majestuosos yacimientos arqueológicos y los formidables templos en ruinas del centro y el sur de Grecia. Debido a su latitud, el verano es corto, con la consiguiente escasez de vuelos baratos desde el extranjero. No obstante, su proximidad a otros estados balcánicos y su relativamente reciente incorporación a Grecia le otorgan una mayor variedad étnica, sin olvidar su alegre música y su gastronomía. Los yacimientos antiguos se dividen en dos categorías; o bien demasiado pobres, o bien auténticos pergaminos en los que se puede leer la huella de distintas civilizaciones. Uno de los mejores ejemplos de estos últimos es la propia Salonica.
Salónica
Para un turista que llegue desde el mar, Salónica ofrece un frente uniforme de modernos bloques de apartamentos característico de tantas ciudades costeras del Mediterráneo. A principios del siglo XX, la vista estaba jalonada de alminares que se elevaban elegantes en medio de los tejados de una ciudad que ascendía pintoresca entre fortificaciones medievales hacia el barrio alto, con extensos cementerios fuera de las murallas. Tras el gran incendio de agosto de 1917, que destruyó más de la mitad de la urbe, se encargó en seguida a los arquitectos franceses y británicos, que en aquel momento acompañaban a fuerzas expedicionarias aliadas, que proyectasen un nuevo plan para la ciudad. Los edificios art déco que han sobrevivido adornan los anchos bulevares frente al mar que trazaron esos hombres, si bien se hizo caso omiso de su consejo de prohibir las torres altas.
El viejo barrio de Kástra, situado en las faldas de un monte, fue uno de los elementos que se salvaron del fuego. Rodeados por las murallas romanas y bizantinas, o dispersas a lo largo de los bulevares de asfalto o las calles peatonales, hay edificios otomanos privados y públicos, lápidas de judíos desterrados, ruinas romanas e iglesias bizantinas. Y tras años de abandono se ha comenzado por fin a restaurar de forma selectiva y a señalizar todo ese magnífico patrimonio arquitectónico, una excelente consecuencia de la elección de Salónica en 1997 como capital cultural europea.
Salonica Historia
El rey de Macedonia Casandro fundó Salónica en los años 316-315 a.C., a la que bautizó con el nombre de su esposa. Sin embargo, la ciudad ganaría importancia con los romanos el verse vitalizada por la Vía Egnacia, que iba desde la costa del mar Adriático hasta el Helesponto, el estrecho de los Dardanelos. San Pablo visitó Salónica en dos ocasiones y escribió dos epístolas para los tesalonicenses; el cristianismo (y la ciudad) cobraría nuevos bríos gracias a los emperadores bizantinos, sobre todo a Teodosio y a Justiniano, quienes iniciaron la construcción de nuevas iglesias para complementar las que habían sido adaptadas de edificaciones romanas. A pesar de las incursiones eslavas y sarracenas, los frecuentes terremotos, los incendios, los insalubres pantanos en las afueras de la ciudad y la falta de agua, la tenaz Salónica logró prosperar.
A partir de 1500 un gran número de judíos sefardíes exiliados de la península Ibérica se instalaron en ella, la que constituiría el rasgo más característico de Salónica durante los siguientes cuatrocientos años. La víspera de las guerras balcánicas representaban algo más de la mitad de toda su población, que era de 140.000 habitantes, lo que la convertía en la mayor ciudad judía de su época. En 1943 vivían allí 70.000, los cuales fueron deportados a los campos de exterminio nazis. En la actualidad quedan menos de 1.000.
Tras las tres guerras previas al año 1023, Salónica se convertiría en la ciudad por antonomasia de los refugiados griegos: en términos absolutos puede que hubiese más en Atenas, pero en cuanto a la proporción en número de habitantes no existe en el país otra urbe más típicamente propia de Anatolia, con sus apellidos turcos (Dereli, Mumtzis,…) y una cocina muy sazonada que no es corriente en otras regiones de Grecia. Los apodos con los que se reconoce a sí misma son desde hace mucho I Protévusa tón Prosfigón (la capital de los refugiados), por el conjunto de barriadas de la década de 1920 que se extienden por Macedonia oriental, todas ellas con el prefijo ‘Néa’; y Ftokhomána (la madre de los pobres).
Sin embargo, la Salónica del siglo XX no es únicamente un continuo ir y venir de pobladores. Después de muchos años de estar a la sombra de Atenas, por fin ha encontrado su razón de ser. La Feria Internacional que se celebra todos los meses de octubre en unos terrenos destinados a tal fin junto a la universidad ya hace de ella un importante foco comercial de los Balcanes, y ahora que el bloqueo de Macedonia ha concluido, su puerto está destinado a convertirse en la vía de acceso natural hacia los Balcanes altos. Incluso antes del año en que fue capital europea de la cultura Salónica ya avanzada resuelta, con modernos restaurantes y discotecas abiertos en edificios históricos, y cuyos músicos nativos (como Savvópulos y Nikos Papázpglu) se contaban a menudo entre los más populares de la música griega.