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Atenas Ciudad

La ciudad de Atenas

La capital de Grecia es una de las ciudades más famosas del mundo y cuna de nuestra civilización, de cuyos orígenes conserva un gran número de testimonios. Se encuentra ubicada en el centro de una depresión, de la que sobresalen las colinas de la Acrópolis al sur, y el Licabeto, al norte, y está limitado por el mar a un lado y por las principales alturas de la región del Ática al otro. la parte moderna de la ciudad se ha desarrollado muy rápidamente en el transcurso del siglo XX y, sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se procedió a la reconstrucción de la ciudad, dotándola de un trazado regular y moderno en el que destacan sus amplias avenidas rectilíneas. Como resultado de este desarrollo urbanístico, la Atenas actual ha desbordado los límites de la ciudad antigua y hoy en día a rodea con sus barrios periféricos y las zonas residenciales, que se extienden, casi ininterrumpidamente, hasta los puertos de Falero y El Pireo. En la gran aglomeración urbana viven más de tres millones de habitantes, casi un tercio del total del país. Pero la capital conserva rincones muy sugestivos, especialmente al pie de la Acrópolis y en los barrios antiguos del centro, de sabor típicamente oriental. El paisaje urbano está embellecido por pequeñas iglesias bizantinas y palacetes de estilo clásico levantados por la rica burguesía del siglo XIX. Los soberbios testimonios de la antigüedad clásica, en especial los famosísimos templos de la Acrópolis, son joyas de incomparable belleza que dominan la ciudad desde hace veinticinco siglos.

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Atenas

El primer contacto con la capital griega, Atenas, suele desconcertar bastante. Cargados de recuerdos académicos, nos esperamos una ciudad de aspecto antiguo, poseedora como es de una historia gloriosa, una ciudad ‘a la medida del turista’, repleta de monumentos y obras de arte, como espacios por los que pasear agradablemente. Sin embargo, lo que  encontramos es una metrópoli de una modernidad anónima, caótica, a primera vista poco atractiva. Un inmenso conglomerado de cemento, donde el tráfico, el ruido, la contaminación y unas zanjas sempiternamente abiertas parecen empeñados en no dejar respirar los extraordinarios testimonios de la antigüedad.

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Visitar Atenas

Conocer AtenasA pesar de todo, Atenas es una etapa ineludible. Sobre todo durante los meses del largo y caluroso verano griego, su frecuentadísimo aeropuerto internacional acoge cada día vuelos regulares y chárter cargados de turistas, mientras que el Pireo salen ininterrumpidamente barcos y ferrys con destino a las islas, tanto a las famosas como a otras menos conocidas. Sea como fuere, toda visita a la Grecia clásica exige al menos un par de días en la capital, parada irrenunciable para los apasionados de la arqueología, que encuentran aquí recuerdos de la formidable polis, y extraordinarias obras maestras del arte antiguo en sus museos. Conviene, pues olvidar la imagen de una ciudad gris y sin zonas verdes, caótica y ruidosa, y vencer la tentacion de considerarla como un mero ‘lugar de paso’; solo así podremos descubrir, entre las mil contradicciones de una metrópolis crecida de manera demasiado acelerada, la fascinación atemporal de sus ruinas y el carácter completamente particular de ciertos rincones urbanos.

Ciertamente, sería absurdo comprender Atenas en poco tiempo. Si le dedicamos sólo unas horas, correremos el riesgo de avistar sólo los puntos de la ciudad más manoseados por un turismo superficial y apresurado; sentiremos como una obligación la visita a las interminables colecciones del Museo Arqueológico Nacional, conservaremos como único recuerdo una foto del Partenón rodeado de comitivas vociferantes y de grupos compactos de turistas japoneses. Y quedará impresa en nuestra memoria la imagen de una ciudad donde el calor es realmente insoportable, la contaminación es peor que en Madrid, los restaurantes son una especie de trampa para turistas, donde los platos son de lo más corriente y los sabores sólo recuerdan vagamente a cocina tradicional griega. Atenas es, por el contrario, una ciudad que hay que descubrir poco a poco, donde siempre conviene preferir los recorridos menos trillados, los rincones ‘para conocedores’, los tiempos lentos de quien es consciente de una historia milenaria y de la fascinación sutil de las ruinas. Sólo así Atenas nos mostrará su mejor cara, el de calles donde se respira aún el ambiente de Oriente, el de ruinas soberbias a la luz del ocas, el de callejones estrechos que serpentean por las pendientes de la Acrópolis.

Atenas alrededores

atenas visitarUna extensión de casas y mansiones sin solución de continuidad une ya el corazón de la ciudad con el inmenso puerto del Pireo, no sólo el mayor de toda Grecia sino también uno de los más importantes de la cuenca mediterránea. Éste, que se ha transformado en un gran arrabal de la ciudad, está lleno de fábricas, astilleros navales y muelles, de donde salen embarcaciones rumbo todas las islas del Egeo. Asi, resulta raro pensar en el Pireo como en un lugar digno de visitar, aun cuando no falten museos y lugares de interés, como el puertecito rodeado de tabernas y restaurantes especializados en pescado. Más que en el Pireo, pensaremos entonces en el Ática como apéndice turística de Atenas donde encontrar, a pocos kilómetros de distancia, localidades playeras y centros residenciales en las laderas de los montes, playas bien equipadas y pinedas umbrosas. Pero también lugares cargados de historia, como atestigua la presencia de monasterios e iglesias bizantinas, de templos y antiguos santuarios. Naturalmente, no hay que perderse las imponentes ruinas de templo de Poseidón, que se recortan majestuosas y solemnes a la luz marina del cabo Sounion.

Yacimientos de Salonica

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Salonica yacimientos

Ruinas SalonicaDel viejo imperio macedonio, que se extendía hasta la India, quedan vestigios dispersos por una vasta superficie al oeste y el sudoeste de Salonica, en los confines de los actuales valles inundados de los ríos Vardar (Axiós) y Aliákmon. En la Antigüedad, el golfo de Salónica se adentraba mucho más en el continente. Podrás visitar todos estos yacimientos de Salonica en un dia partiendo de Salónica si dispone de transporte propio.

Dion, al nordeste del monte Olimpo, fue fundado por los reyes de Macedonia para servir de base de maniobras militares y como recinto sagrado de los dioses del Olimpo; las ruinas, que en su mayor parte se remontan a los períodos romano y bizantino, fueron enterrados por un corrimiento de tierras provocado por un terremoto en el siglo V d.C. Desde 1900 se han hallado en este lugar mosaicos bien conservados, los mejores (de Medusa), han sido trasladados para que estén a salvo al museo del pueblo.

La moderna Vérgina, en la ribera sur del Aliákmon, se llamaba antes Aigai, la primera capital de Macedonia, que luego pasaría a ser la necrópolis rea. Las cámaras funerarias subterráneas de Filipo de Macedonia junto a otras tres, descubiertas en 1977 con los tesoros intactos, han sido reubicados en refugios protegidos y es posible visitarlas, al igual que otrossepulcros más modestos y un palacio de verano, el Palatítsa, en lo alto de la colina. Véria, a unos 18 km hacia el noroeste en la otra orilla del río, descansa al borde de una escarpa que discurre en dirección norte hasta Édesa. En esta población se han conservado muchos barrios otomanos con casas tradicionales, en los que hay generosamente desperdigadas sesenta diminutas iglesias bajo la apariencia de humildes graneros; se puede visitar la de Cristós, con bellos frescos. Entre los monumentos musulmanes figuran unos baños y dos mezquitas; en el antiguo barrio judío de la quebrada de Barbúti, una sinagoga abandonada da fe de la presencia de esa comunidad, que ya estaba establecida cuando san Pablo predicaba en ese lugar.

Ruinas salonicaAl norte de Véria es posible visitar más imponentes tumbas macedonias en Lefkádia. Édesa, a unos 43 km de Véria, no se parece a ningún otro pueblo griego, a causa de los muchos riachuelos canalizados que serpentean por él hasta precipitarse en las famosas cataratas al borde de la escarpa. Un camino conduce entre el agua pulverizada hasta la quebrada, y pasa junto a una cueva en la pared del barranco; corriente arriba, en lo alto del risco, hay un puente romano o bizantino que forma parte de la Vía Egnacia.

Pella, a medio camino en la carretera de vuelta a Salónica, fue la capital de Macedonia a partir de mediados del siglo IV a.C. Desde esta villa Filipo II reinó sobre una Grecia unida desde el año 338 a.C., y también aquí estudió su hijo Alejandro con Aristóteles, además de prepararse para sus legendarias campañas militares en oriente. La mayor parte de la capital del imperio aún tiene que ser desenterrada, si bien unos soberbios mosaicos (algunos in situ, otros en el museo del yacimiento) en los que se representan escenas mitológicas.

Salonica Turismo

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Comenzar el turismo en Salonica por el Museo Arqueológico es una muy buena opción. En él se exponen piezas macedónicas, helenísticas y romanas halladas en toda la región, entre ellas, las notables colecciones Síndos y Vérgina. Esta última incluye los formidables tesoros de lo que se cree que son los sepulcros reales del rey de Macedonia Filipo II y sus familiares. Las suntuosas joyas y los enseres domésticos de oro, plata y bronce pugnan por acaparar su atención con dos féretros: uno del rey, con una exquisita corona funeraria de hojas de roble en oro, y otro de una princesa, en el que hay una diadema adornada con abejas también de oro. Las tapas de ambos están repujadas con distintas variaciones de una estrella, la cual ha sido adoptada en medio de una gran polémica por el incipiente estado de la antigua República Yugoslava de Macedonia como símbolo nacional y bandera.

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Salónica Romana

La Salonica romana es casi toda subterránea. Las excavaciones más extensas, en una perpendicular a la peatonal Dimitríu Gúnari y contiguas a la Platía Navarínu, son las del palacio del emperador Galerio César, el mismo que aborrecía a los cristianos y que en 305 d.C. martirizó a San Demetrio, el patrón d la ciudad. En la superficie perdura el arco de triunfo de Galerio, erigido sobre la Vía Egnacia en 297 d.C. para conmemorar la victoria sobre los persas. Al noroeste la rotonda de Agios Georgios, quizás en su origen construida para ser el mausoleo de Galerio, es uno de los pocos ejemplos que se conservan de arquitectura romana circular, que en gran parte ha subsistido gracias a haber sido reconvertida en una iglesia y luego en una mezquita. Se conservan fragmentos de unos mosaicos soberbios (que rara vez se pueden visitar ya que un terremoto en 1978 obligó al cierre de la rotonda, en lo alto de una pared en el interior; al alminar truncado es el último que queda en la ciudad.

Salonica Bizantina

Salonica GreciaEn Salonica aún perduran trece iglesias bizantinas, más que en ninguna otra ciudad de Grecia. Los primeros ejemplos son adaptaciones evidentes de la basílica romana con columnatas, que a su vez se inspiraban en los templos griegos, con las columnas exteriores reemplazadas por muros.

Tanto Akhiropítos, del siglo V, como la muy remozada Agios Dimitrios son basílicas de tres naves. En Akhirópitos hemos de fijarnos en los bellos fragmentos de mosaicos que hay bajo los arcos, entre las columnas ornadas. Agios Dimitrios se fundó poco después del fallecimiento del santo en el sitio donde fue martirizado; se piensa que la cripta eran los baños romanos en que estuvo encerrado. Se trata de la iglesia más grande de Grecia, reconstruida casi por completo tras el incendio de 1917, que sólo respetó el ábside y las columnatas. Se conservan seis pequeños mosaicos de entre los siglos V y VII sobre las columas a ambos lados del altar, en la mayor parte de los cuales aparece San Demetrio.

La diminuta Ósios Davíd, del siglo V o del VI, oculta en el barrio de Kástra, es todo lo que queda del monasterio de Látomos. El flanco occidental de esta iglesia ha desaparecido, pero vale la pena visitarla por el excepcional mosaico temprano del ábside, que no fue descubierto hasta 1921, cuando se retiró la capa de cal que habían echado los otomanos. Ilustra la visión que el profeta Ezequiel tuvo del Cristo Emmanuel, al que se representa como un joven imberbe sentado sobre la bóveda celeste y rodeado de los signos de los evangelistas. Tomados en conjunto, los mosaicos de Ósios, Davís y Agios Dimítrios se cuentan entre los más famosos de Ravena, en Italia.

De regreso, en la zona llana cerca del puerto, Agia Sofía (santa Sofía) fue edificada a imitación de la homónima de Constantinopla. Se trata de uno de los primeros experimentos con cúpulas que tuvo éxito; en la de esta iglesia, de 10 metros de diámetro, se muestra una realista Ascensión de Cristo, en la que los apóstoles observan mientras unos ángeles lo transportan al Paraíso, en lugar del Pantocrátor (Cristo entronizado) que más tarde se convertiría en la norma. En el ábside, se pueden apreciar restos de un mosaico iconoclástico de la cruz detrás de la Virgen entronizada. Había dos, y otra cruz figurativa se conserva en la bóveda adyacente.

Salonica monumentosOtro grupo de iglesias que data de los siglos XIII y XIV, todas ellas mucho más arriba de la Vía Egnacia, son ejemplos de una ‘edad de oro’ cultural que choca con el declive político del Imperio Bizantino y los numerosos desastres que asolaron Salónica desde el siglo X hasta el XII. Unos recursos financieros, más modestos significaron que en esta época la decoración preferida para las iglesias fueron los frescos en lugar de los mosaicos, iglesias que en su mayor parte estaban unidas a un monasterio ahora inexistente. Con mucha diferencia la mejor de ellas es Agios Nikólaos Orfanós, en el extremo norte de Kástra. Entre los frescos mejor conservados y menos habituales figuran el Cristo crucificado y Pilatos sentado en el juicio, la imagen misma de un escriba bizantino; según parece, en ‘el lavado de los pies’ el componente artista incluyó un retrato de sí mismo montado a caballo y con un turbante.

El Museo Bizantino de Salónica contiene una excelente colección de arte profano y sacro bizantino, iconos de primerísima clase, cerámica, joyas, monedas, ubicada en la Lefkós Pírgos (torre blanca), junto al mar. La torre, que es el emblema de la ciudad, la incorporaron a las murallas romano-bizantinas los venecianos durante el breve período en que gobernaron la ciudad. Los otomanos la utilizaron como prisión; eso, junto a la masacre de los indómitos jenízaros en 1826, le ganaron el sobrenombre de la ‘torre sangriente’. Después de 1912 los griegos la encalaron, y más tarde, en 1985, la volvieron a dejar como estaba. Una escalera en espiral con ventanas diminutas conecta las distintas salas de exposiciones, hasta que desemboca en una preciosa cafetría y al final en la terraza almenada, desde la que se divisan unas hermosas vistas del puerto y de Kástra.

El muro que desde aquí se dirigía hacia el interior, ya desaparecido, unía la torre Blanca con la torre de la Cadena, en la esquina nordeste de las fortificaciones; más allá se encuentra Eptapirgíu, la ciudadela interior (en turco Gedikule), donde desde los tiempos de los otomanos hasta 1989 existió una famosa prisión. Los empinados callejones de Kástra están a 20 minutos a pie del mar. Desde finales de la década de 1980 este barrio de destartaladas casas con vigas de madera ha pasado de ser pobre, menospreciado y ‘turco’, a estar de moda y a invertirse dinero en su restauración, con cafés y tabernas dispersos por sus calles.

Salonica otomana y judía

En 1430, los otomanos se apoderaron de Salónica, justo veintitrés años antes de la caída de Constantinopla. Durante el primer siglo de su dominio los nuevos amos transformaron la mayoría de las iglesias en mezquitas, añadiéndoles alminares y encalando los mosaicos y frescos. Como consecuencia, no hay demasiadas edificaciones bizantinas construidas de forma explícita para tal fin, aunque sí existen otros edificios públicos de interés. Entre los ejemplos del siglo XX cabe destacar la elegante Ishak Pasha o mezquita Alatza Imaret, el pie de Kástra (a la vuelta de la esquina desde la Yeni Hamam o casa de baños, que ha sido reconvertida en una cautivadora cantina, una sala de conciertos y un cine al aire libre), y la ruinosa mezquita Hamza Bey, en la Vía Egnacia, cuyo último uso fue el de cine Alcázar. Quizás pronto reciba el mismo trato que el vecino Bezesténi, un rehabilitado mercado cubierto con seis cúpulas donde ahora hay tiendas de lujo. La cercana Bey Hamam luce sobre el vestíbulo una bóveda de mocárabes intacta.

Salonica turismoOtros dos monumentos ‘turcos’ contemporáneos quizás resulten atractivos para los especialistas. En la parte posterior del consulado se levanta la casa de madera en la que nació en 1881 Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la república turca. Y a unos cientos de metros hacia el este del Museo Arqueológico, en el extremo de la ‘ciudad nueva’ del siglo XIX, se halla la Yeni Cami o ‘mezquita nueva’, una extravagancia art nouveau. Esta secta criptojudaica, inicialmente seguidores del falso ‘mesías’ del siglo XVII Sabbatai Zvi, gozaban de una preponderancia desproporcionada en la industria otomana y edificaron muchas grandes mansiones en esta zona. Sin embargo, de cara al exterior abrazaban el islamismo, y en consecuencia fueron expulsados en 1923.

Por el contrario, apenas quedan vestigios visibles del pasado judío de Salonica, por culpa del incendio acaecido en 1917 y la profanación por parte de los nazis de sus cementerios y sinagogas en 1943. Tan sólo sobrevivió a la guerra la sinagoga Monastiriot, de estilo modernista, cerca del Ministerio de Grecia Septentrional. El orgullo del espacioso zoco central, que se extiende a ambos lados de Aristotálus y en el que se vende de todo, desde muebles de madera hasta aves de corral vivas, es el mercado cubierto Modiano, de carne, pescado, frutas y verduras, cuyo nombre proviene de la familia judía que lo instauró. Aunque sólo está ocupado a medias, el Modiano todavía ostenta algunas auténticas uzeriés muy animadas en la galeria oeste. En las inmediaciones, el Luludádika, o baños del mercado de las flores, también conocido como la Hamam Yahuda o casa de baños judía; la clientela judía ya no está, pero en su exterior añun se venden flores y hay una buena taberna en su interior. En la misma zona, en Agiu Miná, se halla el Museo de la Presencia Judía.

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Alrededores de Salónica

Si quieres salir de Salonica, haz una escapada de medio día hasta Panórama, un próspero pueblo a 11 kilómetros en dirección este cuyas vistas justifican su nombre.

Khortiátis, a 10 kilómetros hacia el norte desde allí, ha abastecido a Salónica de agua desde la Antigüedad, y conserva algunos de los pinares que se han salvado de los pirómanos, Desde cualquiera de estas localidades en un día despejado podrá avistar más allá del golfo de Salónica la elevación del monte Olimpo (Ólimbos) al sudoeste, considerado como el punto que separa Macedonia de Tesalia.

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Viajar a Grecia

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Grecia es un hermoso país mediterráneo de la región balcánica; península del mar Egeo y el mar Jónico y las maravillosas Islas griegas. De clima mediterráneo y relieve montañoso, Grecia es un país dedicado fuertemente a la agricultura, de religión mayoritariamente ortodoxa y con idioma propio; el griego.

Con una civilización de mas de 3.500 años de antigüedad, los griegos pueden presumir de atesorar una de las culturas más antiguas y sorprendentes de la humanidad. El origen de su inmensa cultura se produjo por la unión de los aqueos y los minoicos, dando lugar a la civilización micénica, que dieron creación del particular alfabeto griego en el siglo XII a. C.

La bandera griega representa el intenso azul de sus aguas a la vez que cristalinas. Viajar a Grecia es vivir en un paraíso donde sus gentes te harán sentir como la vuelta de un viejo amigo; su cultura, el mar, la mitología, sus costumbres te embriagan hasta el punto de hacerte sentir como los dioses del Olimpo.

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Cada isla griega es un mundo por descubrir; diferentes paisajes que brindan la posibilidad de conocer Grecia con todo su carácter. Pasar las vacaciones en las Islas griegas puede ser un clásico, pero sin duda alguna hacer un viaje a estas islas es disfrutar de un auténtico paraíso de sueños.

Grecia cuenta con más 160 islas griegas donde elegir ir de vacaciones, de las mas de 1400 totales; Las espóradas, Corfú, Creta,… pequeños paraísos de mar y costa donde encontrar el esparcimiento y la tranquilidad que te ofrece una hermosa isla del Mar Mediterráneo. Ofertas en Cruceros, viajes, vacaciones de sol y playa y rutas culturales son posibles en Grecia y sus Islas.

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Para conocer Grecia es necesario saber de su pasado; su Historia y la cultura griega. Durante siglos los viajeros han recorrido sus rocosas montañas, sus antiguas ciudades y templos y sus míticas islas. La cuna de la cultura y la democracia occidentales atrae a todo aquel que busca encontrar las raíces de la civilización moderna en los que hoy en día parece un entorno irreal. Grecia lleva siglos embriagando, como decimos, a millones de personas cada año en una mezcla de sol, mar y yacimientos arqueológicos.

Desde el momento en el que pongas el primer pie en suelo griego, el sol te deslumbrará sobre el agua, luz omnipresente del Mediterráneo, y formarás parte del paisaje, de su gente y de su admirable cultura. Resulta fácil enamorarse de Grecia, de su belleza y su cultura, muchos incluso dicen que sigue siendo recinto sagrado.

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