Monte Athos
Espacios naturales Sin comentarios »La fama de Áthos proviene de su nutrida comunidad monástica, que en la actualidad cuenta con casi 2000 monjes, los cuales en el pasado le ganaron el sobrenombre de ‘sagrado’, que ahora está asimilado al nombre griego: Ágion Óros, la montaña Sagrada. Su historia cristiana comenzó con la llegada de ermitaños a mediados del siglo IX, aproximadamente unos 100 años antes de que se fundase el primer monasterio. Se cree que Pedro de Áthos, quizás el más célebre de estos primeros santos, vivió en una cueva en el monte durante unos 50 años.
Monasterios del monte Áthos
El primer monasterio, Megístis Lávras, fue fundado en el año 963 d.C. por San Atanasio, amigo del emperador bizantino Nicéforo Focas. A partir de entonces se multiplicaron los asentamientos bajo los auspicios de los emperadores bizantinos, quienes los sufragaban con dinero, tierras y tesoros; a cambio todavía se reza por estos valedores, y en las bibliotecas se guardan celosamente las cédulas imperiales. Tiene los mejores frescos, pero si quiere alojarse en temporada alta, reserve la plaza al menos con dos meses de antelación.
La veintena de monasterios que perduran, profesan la vida cenobítica de la regla de San Bailio, por la que los monjes observan unas normas estrictas presididos por un abad o igúmenos. La propiedad es colectiva; comen todos juntos en el trapezaría o refectorio. Todos los monasterios practican la liturgia griega, salvo el ruso Pandelímonos, el serbio Khilandaríu y el búlgaro Zográfu; todos se rigen por el calendario juliano, 13 días por detrás del gregoriano, y todos (excepto Vatopedíu) se atienen al horario bizantino, que se calcula a partir de la hora del alba o del ocaso.
El monasterio de Athos más admirable es Simonos Petra, construido sobre un barranco con vertiginosas caídas en tres de sus flancos.
Muchos de los monjes prefieren vivir en comunidades de menor tamaño, menos reglamentadas, los skítes y kelliá que salpican la península, si bien están subordinadas a los monasterios principales. Algunos optan por vivir como ermitaños en una isihastírion, sobrias y desapacibles cuevas o cabalas encaramadas a los bordes de los acantilados.
El monte Áthos
En la década de 1970 Áthos se hallaba quizás en su peor momento, con apenas 1000 monjes, muchos de ellos con escasa formación cultural y moral, que residían en ruinosos monasterios. Desde entonces ha habido un claro renacimiento; los alegatos de la montaña sagrada de ser una confederación de gentes que persiguen alcanzar la más alta forma de vida espiritual que se conozca en la cristiandad ortodoxa parecen haber tocado alguna fibra sensible del fin de milenio, y la calidad y cantidad de novicios procedentes de todos los rincones del mundo (sobre todo de Rusia tras el colapso del comunismo) no cesa de aumentar. Muchos de los edificios han experimentado así mismo una muy necesaria restauración.
También el número de peregrinos que van a Áthos ha crecido, si bien los trámites, tipicamente bizantinos, para obtener un permiso de entrada están pensados ex profeso para desanimar a los frívolos y a los curiosos. Sólo pueden solicitarlo los peregrinos con firmes creencias religiosas, o por lo menos eso es lo que se pretende. La mayoría de los monjes son griegos, nacidos en una cultura plagada de intrigas (después de todo estamos hablando de Macedonia). Los novicios y los peregrinos eslavos se quejan desde 1990 de que son discriminatorios en relación a los griegos. Comunidades monacales enteras se han marchado, o incluso han sido desalojadas de monasterios concretos tras tempestuosas discusiones con el abad o con las autoridades civiles griegas. Los tradicionalistas censuran, al igual que en el resto de Grecia, la destrucción de calzadas milenarias la quema de bosques vírgenes o su tala para vender madera con el propósito de financiar las reformas, muchas en un estilo realmente tosco.
Deberás llamar por teléfono o enviar un fax a los monasterios para reservar una plaza en una de las habitaciones de invitados, que suelen estar completas.
