
Historia de Atenas
El territorio que ocupa la ciudad actual comenzó a ser habitado por el hombre en los primeros siglos del III milenio a.C. Atenas fue una importante ciudad a partir del siglo XV a.C. y, como plaza fuerte de los jonios, rechazó durante el siglo XII a.C. las invasiones de los dorios.
La monarquía, que fue la forma de gobierno que dirigió los destinos de la ciudad en sus primeros tiempos, fue sustituida por decisión de su último rey Codro (ca. 690 a.C.) por un gobierno aristocrático, formado por nueve arcontes. Las primeras listas oficiales de dichos magistrados se remontan a los años 683-682 a.C. En el año 594 a.C. la constitución promulgada por el legislador Solón transformó la ciudad en una timocracia, gobierno en el que el poder es ejercido por aquellos ciudadanos que alcanzan un determinado nivel de riqueza. Unos 50 años más tarde, Pisistrato se adueñó del poder y, aunque respetó la constitución de Solón, instauró un nuevo régimen, la tiranía, en el que la figura del tirano gozaba de un gran poder personal y actuaba como árbitro en los conflictos que se producían entre las distintas clases sociales. Después de que Hipias e Hiparco, hijos de Psístrato, sucedieran a su padre como tiranos de la ciudad, Clístenes proporcionó a Atenas una constitución democrática.

Apenas de que la ciudad fue destruida por los persas, su prestigio creció enormemente como consecuencia de la victoria alcanzada en las dos guerras médicas. Atenas se sirvió de ellas para imponer su dominio en la liga de Delos, confederación de ciudades griegas cuya formación había sido impulsada por Atenas para luchar contra los persas. Este predominio de Atenas perjudicaba a la ciudad de Esparta, su rival más poderosa, y la guerra se hizo inevitable.
La denominada guerra del Peloponeso se prolongó desde al año 431 al 404 a.C. Atenas, devastada por la peste, (entre muchas de sus víctimas se encontraba Pericles) fue derrotada varias veces y tuvo que ceder a las duras condiciones que le impuso Esparta. La segunda liga marítima, promovida por Atenas, permitió una victoria frente a Esparta, a la que derrotó en el año 362 a.C. en la batalla de Mantinea; sin embargo, sucumbió ante Macedonia. Sólo el gobierno de hombres tan brillantes como Licurgo, Demetrio de Falero y Demetrio Poliorcetes salvó a la ciudad de Atenas de la conquista militar. Supo entenderse con Roma, lo que permitió un trato especial por parte de los emperadores romanos, hasta que Sila la saqueó en el año 86 a.C. Sin embargo, en el año 267 fue tomada y destruida por los hérulos. Más tarde, en el 529, el emperador Justiniano cerró su universidad, de este modo la poderosa ciudad de otros tiempos se convirtió en un pequeño pueblo y su destino quedó ligado al del Imperio bizantino, hasta que en 1040 fue conquistada por los normandos.
En el año 1204 se integró en el reino latino de Tesalónica y fue entregado como feudo al franco Otón de la Roche, a quien otorgó el título de duque de Atenas y Tebas; el ducado, después de la expulsión del famoso Gualterio de Brienne, pasó en 1311 a manos del catalán Roger de Flor y después al rey de Aragón. Finalmente, en el año 1387 consiguió su independencia con ayuda del florentino Rainiero Acciaioli. Con la ocupación turca del año 1456, Atenas inició un proceso de decadencia y, durante los siglos XVI y XVII, su población quedó reducida a 9.000 habitantes. En 1832 Grecia obtuvo su independencia y en 1834 Atenas se convirtió en la capital del Estado unificado; a partir de entonces, la ciudad inició un proceso de crecimiento, como consecuencia del cual su trazado urbanístico experimentó grandes cambios y, en el año 1861, contaba ya con 40.000 habitantes. Después de la guerra que enfrentó a griegos y turcos en el año 1922, la capital se convirtió en el principal destino de los griegos que huían del Asia Menor, por lo que su población se vio incrementada en medio millón de habitantes, iniciándose así la gran expansión de la ciudad.