La antigua Tracia abarcaba gran parte de lo que es hoy Bulgaria y la Turquía europea, además de la franja costera griega entre los ríos Néstos y Évros. la colonización griega del litoral a partir del año 800 a.C. provocó frecuentes enfrentamientos con las tribus tracias nativas. La Vía Egnacia atravesaba la región, sembrando a su paso fortificaciones romanas y, más tarde, bizantinas. Con posterioridad racia sería invadida y ocupada por los eslavos y lo otomanos. Entre 1913 y 1023 se la repartieron, tras varias guerras, Bulgaria, Turquia y Grecia. pese al dramático intercambio de población que se produjo entre Turquía y Grecia en 1923, se permitió que se quedaran los musulmanes de la parte griega de Tracia a cambio de la protección dada a 125000 ortodoxos griegos que permanecieron en Estambul (en la actualidad tan sólo quedan unos miles, mientras que el número de habitantes musulmanes en Tracia ha aumentado ligeramente hasta cerca de 130000).
La minoría étnica turca vive en su mayor parte en Xánthi, Komotiní y en los llanos al sudeste de las dos ciudades; también en esta zona habitan los gitanos convertidos al islamismo y se habla turco. En los montes Ródope, al norte de Xánthi y Komotiní, reside otra minoría islámica, los pomaks, descendientes de los herejes medievales bogomilos; hablan un idioma eslavo y cultivan tabaco en terrazas en las laderas de las montañas.
El mercado del sábado, que se celebra al aire libre en Xánthi, a 53 km de Kávala, constituye una buena introducción a las peculiaridades musulmanas de la región. Las mujeres turcas y pomaks visten largas túnicas oscuras y velos de un solo color, que paulatinamente se están sustituyendo por otras más elegantes de color gris o marrón y por velos estampados. Las gitanas llaman la atención con sus coloridas bombachas shalvar y sus pañuelos atados detrás de las orejas. Muchos de los hombres todavía llevan feces rojos de fieltro o casquetes blancos. Por la noche se arma un buen jaleo en los numerosos bares y cafés a la última de la cercana Vasilísis Sofías, gracias a los estudiantes de la Universidad de Tracia.
Tracia
Xánthi se convirtió en un próspero centro comercial y administrativo en el siglo XIX gracias al tabaco. Se contrataron canteros famosos de Epiro para edificar las mansiones de los comerciantes, los almacenes de tabaco y las khans (posadas). Las Khans, grnades edificios cuadrados con un patio central, eran lugares de descanso y compraventa próximos a la plaza del mercado. Una de estas viejas mansiones, al pie del casco antiguo, es ahora el Museo del Folclore. Más arriba se encuentran los alminares y las casas del barrio turco, muchas de las cuales disponen de antenas parabólicas para sintonizar los canales de la televisión turca.
En Komotiní, a 56 km de Xánthi pasando por la laguna de Vistonída, un refugio de aves, y el monasterio de Agios Nikólaos, rodeado de agua, los musulmanes representan casi la mitad de la población. No luce un atractivo tan inmediato como el de Xánthi, pero también aquí existe un viejo zoco de calles adoquinadas, además de muchas tiendas diminutas, 14 mezquitas en uso y antiguas cafeterías en las que los ancianos charlan en turco en voz baja o juegan con sus cuentas tespih. El Museo del Folclore, en una bocacalle del parque central, exhibe bordados y trajes regionales y piezas trabajadas en metal; el Museo Arqueológico atesora objetos hallados en yacimientos tracios como Abdera, al sur de Xánthi, y Maroneia, al sur de Komotiní.
Avdira no compensa la visita debido a lo descuidada que está, aunque de allí salieron dos grandes filósofos; Demócrito, el primero en exponer la teoría atómica, y el sofista Protágoras, a quien se atribuye la máxima ”El hombre es la medida de todas las cosas”. Según la leyenda, Ulises recaló en Maroneia después de dejar Troya en su viaje de retorno a Ítaca, donde adquirió un dulce vino tinto que más tarde le salvaría a él y a sus acompañantes del cíclope Polifemo; estando atrapados en su cueva emborracharon a Polifemo con el vino, de forma que, mientras dormía, le sacaron su único ojo y así lograron escapar escondidos bajo los estómagos de las ovejas del cíclope. Una gruta al norte del limitado yacimiento lleva el nombre de la cueva de Polifemo; quizás resulte más cautivador el pueblo medieval de Marónia, en el que se conservan algunas casas de madera.
Desde Komotiní la carretera zigzaguea a lo largo de 65 km entre desnudos cerros hasta descender al triste puerto de Alexandrúpoli, vía de acceso a la isla de Samotracia. Es preferible seguir hacia el interior del valle del río Évros, sobre todo si disfrutas contemplando aves. El delta, al este del balneario romano de Traianopolis, mientras que la Reserva Forestal de Dadiá, una campaña del Fondo Mundial para la Naturaleza con un final particularmente feliz, ofrece refugio a buitres negros y de Rüppell. Entre medias puede hacerse un alto en Féres para visitar su iglesia del siglo XII, Panagía Kosmosótira, cuyo interior suele estar abierto al público.
Al norte del desvío a Dádia la primera población es Suflí, antaño famosa por la fabricación de seda. Los campos de trigo han reemplazado a las moreras de cuyas hojas se alimentaban los gusanos de seda, y tan sólo un pequeño museo rememora la desaparecida industria.
En Didimótikho, a 30 km río arriba, existe una fortaleza bizantina en la cima del casco viejo, y en la plaza una mezquita abandonada con visos de pertenecer al período selyúcida (y anterior). Desde aquí la mayoría de los coches se dirigen a Edirne, ya en Turquía, aunque es posible avistar sus esbeltos alminares desde la villa fronteriza de Kastaniés, en territorio griego.